Table of Contents
Autores | Jaime Ramos, Raquel C. Pico
Los vehículos autónomos son una de las piedras angulares de los sistemas de transporte inteligente, o al menos eso es lo que la industria espera que ocurra. La movilidad inteligente logrará mejores eficiencias en el transporte, responderá a los problemas de logística de las ciudades y mejorará la seguridad urbana.
El sueño de la conducción autónoma continúa madurando, circulando silenciosamente al ralentí. Los avances y las pruebas contrastan con las dudas que arrastra esta tecnológica: ¿será el coche autónomo capaz de cumplir su promesa de reducir la siniestralidad a niveles anecdóticos?
Así son los automóviles autónomos

Los nuevos vehículos alternativos que dominarán las ciudades del futuro y que empiezan a instalarse en las del presente estarán conectados, serán eléctricos o de bajas emisiones y contarán con una conducción cada vez más guiada. El objetivo final es el de integrar el máximo posible de tecnología para una conducción autónoma, lo que permitirá navegar las carreteras sin el control de un ser humano.
Sin embargo, esto es algo que todavía no está ocurriendo de forma masiva. La industria clasifica a los coches en una escala SAE que va del 0 al 5, desde el coche completamente manual al completamente autónomo. En países como España, solo pueden circular por las carreteras (salvo proyectos concretos) vehículos autónomos de hasta nivel 2.
¿Cuál es la probabilidad de accidente con un coche autónomo?
Todavía vivimos en una etapa prematura del desarrollo de la conducción autónoma para prever cuál será la tasa accidentalidad real. En ese aspecto, las compañías de asesoramiento jurídico muestran pronósticos pesimistas (e infundados en su mayoría) del coche autónomo y sus riesgos.
Si echamos un vistazo a varias firmas especializadas en la defensa legal en cuestiones de tráfico, recurren a estadísticas desfavorables para el coche autónomo, con una tasa estimada de 9,1 accidentes por cada millón de millas en Estados Unidos. A su vez, la media de accidentes “humanos” se mueve en torno a 4,1. Ahora bien, esos datos, tan repetidos en el sector, se corresponden con un estudio realizado en 2013. Es decir, una fecha ya caduca.
También encontramos otras fuentes legales que hacen una proyección teniendo en cuenta los tres fallecimientos vividos hasta la fecha en Estados Unidos, asociando este dato a la distancia recorrida y comparándolo con la media de siniestros humanos. Por supuesto, el coche autónomo pierde esta apuesta con estrépito.
Cabe destacar que vivimos unos años en los que el coche autónomo sigue en mitad de su desarrollo y que, por mucho que nos asalten temores en relación a su fiabilidad, todavía no se ha recolectado suficiente información como para adivinar cuál será la tasa de siniestralidad en su apogeo. Aun así, la cuestión no es siempre una de tecnología, sino también de apreciación de la seguridad de los coches autoconducidos. Esto es, la ciudadanía tiende a percibir que los coches autónomos son más culpables en caso de accidente de lo que lo serían otros seres humanos.
Con todo, los primeros pilotos y las experiencias prácticas están demostrando ya que existen puntos de tensión y cuestiones que los sistemas de transporte inteligente deben afrontar para optimizar la seguridad urbana, reducir los accidentes de los coches sin conductor y reforzar la visión positiva de los vehículos autónomos. Un estudio de la Universidad de Florida confirma que los coches autónomos son más seguros que los conducidos de forma manual, porque tienen menos accidentes, pero que fallan más con las luces del atardecer o el amanecer o cuando deben realizar giros.
Presente y futuro autónomo

Restan años para lograr la irrupción comercial de la conducción autónoma plena o denominado nivel 5. En ese tiempo, los fabricantes tienen pendientes una serie de obstáculos. Sin embargo, en ciertas partes del globo, sobre todo en varias ciudades norteamericanas, se multiplican las pruebas experimentales y los proyectos con tecnologías con ese nivel, o casi.
A la incertidumbre sobre su despegue definitivo se le suman los sistemas de asistencia y pilotos automáticos que los fabricantes de coches ya introducen en sus vehículos y que tienden a confundirse, algo que han denunciado en varias ocasiones entes como Euro NCAP.
Lo que sí sabemos es que, según la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA), el 94% de los siniestros poseen una causa humana. En ese sentido, son muchas las esperanzas depositadas en la reducción de las víctimas que traerá la conducción autónoma. Los estudios apuntan a todo tipo de cifras, desde la erradicación completa de ese 94%, hasta informes más pesimistas (de las compañías aseguradoras) que lo sitúan en una reducción del 35%.
¿Cómo regular el coche autónomo?

La regulación es uno de los puntos clave en la evolución del coche autónomo. Cada vez está más cerca el momento en que los diferentes ordenamientos jurídicos tengan que posicionarse sobre qué ocurrirá con las responsabilidades penales y civiles.
Por eso, en Estados Unidos, país en los que la jurisprudencia cuenta con un peso específico propio, los profesionales jurídicos se preparan para una probable batalla legal entre proveedores de la tecnología, aseguradoras y víctimas que será determinante para el futuro del coche autónomo. Y es que, en EEUU, los expertos legales temen la complejidad de este asunto, y trabajan con paciencia para establecer criterios definitivos sobre quién será responsable de los deslices del coche autónomo.
Según TechCrunch, en Estados Unidos circulaban en 2019 unos 1.400 modelos autónomos en pruebas de 80 compañías diferentes, la gran mayoría en California. En 2026 rondan ya los 3.500 y se reparten por más estados más allá de California. Solo Waymo, una de las operadoras que testea esta tecnología de conducción autónoma, realiza más de 500.000 viajes cada semana con sus taxis autónomos eléctricos.
En Europa, los fabricantes están pendientes de una regulación clara y homogénea en el sector, como apunta el 4º Barómetro sobre Vehículo Autónomo y Conectado de la ANFAC, la organización sectorial española. Sin embargo, la puesta en marcha de programas marco en algunos países han permitido ya el lanzamiento de pilotos que testean capacidades y potenciales usos de este tipo de automóviles autónomos. Uno de los grandes protagonistas de estos proyectos de movilidad inteligente son los autobuses autónomos, como el que prueba Milton Keynes (Reino Unido). Incluso, existen pilotos de tranvías autónomos.
Al tiempo, las compañías multinacionales están apostando por introducir estos vehículos autónomos y sistemas de conducción inteligente en más escenarios. Uber opera ya con coches autónomos en algunas ciudades de Estados Unidos y de Oriente Próximo y planea ampliar durante 2026 su presencia, incorporando urbes asiáticas y europeas a su lista.
Un coche autónomo moral
Sobre el dilema de la responsabilidad, no solo es cuestión del determinar el tanto de culpa en caso de siniestro, sino de reflexionar sobre la toma de decisiones. Una de los puntos más agitados del debate de los últimos años ha sido cómo debería actuar un coche autónomo si se ve en una encrucijada en la que, haga lo que haga, provocará un daño sobre un ser humano.
Sobre ello, resulta interesante el experimento: “La Máquina moral“. Este sondeó la opinión de más de dos millones de personas en 233 países sobre cómo debería responder un coche ante este tipo de situaciones comprometidas. Ante la complejidad de las soluciones, los responsables apuestan por desarrollar marcos jurídicos adaptados a cada zona y, sobre todo, tratar de dotar a las inteligencias motorizadas de una inteligencia moral que emule la humana. No será sencillo.
Algunas preguntas habituales
¿Qué es y qué no un coche autónomo?
Un coche autónomo incorpora tecnología de conducción autónoma. Existe una escala (SAE 0 a SAE 5, que señala cuánta ha sumado. El cero habla de una conducción totalmente manual y los siguientes números de cuánta se ha integrado ya. Los sistemas de pantallas que ayudan a aparcar son, por ejemplo, uno de los elementos básicos de las primeras posiciones de la escala. El objetivo final es un vehículo autónomo por completo que, gracias a sus sistemas de transporte inteligente, sea capaz de conducir sin intervención humana.
¿Son realmente seguros los coches autónomos?
Esa es la gran pregunta que se hacen los análisis y que preocupa a la ciudadanía. Las estadísticas apuntan que su tasa de accidentes es más baja. Reino Unido cambió la normativa para abrir la puerta a la circulación de vehículos autónomos en 2026 y su Departamento de Transportes defendió que, con ello, se reducirían los errores humanos, responsables del 88% de los accidentes de tráfico.
¿Se abren otros riesgos de seguridad con el salto a la movilidad inteligente?
El riesgo más evidente para la población es el de que el coche autónomo no tome las decisiones correctas, pero no es el único. La digitalización de los servicios abre la puerta a cuestiones como las amenazas de ciberseguridad. La industria, sin embargo, tranquiliza en ese terreno e insisten en que ya operan con los estándares más elevados para evitarlo.
¿Existen proyectos en marcha de movilidad urbana que los llevarán a más lugares?
Aunque las ciudades de Estados Unidos fueron las que primero estrenaron servicios comerciales de vehículos autónomos, no son las únicas. Se espera que, a lo largo de este año, por ejemplo, lleguen los taxis sin conductor a Madrid, Londres o Zúrich.
¿Y hablamos solo de coches?
No, lo cierto es que los pilotos están probando ya la conducción autónoma para resolver más retos de movilidad urbana. Unos cuantos proyectos experimentan con sistemas de transporte colectivo, como autobuses. La Universidad de Vigo (España) ha probado durante este último curso un bus autónomo que recorría su campus, con éxito, y que ha servido también para hacer testeos en conectividad móvil de última generación.
Imágenes | Waymo, P_Wei/iStock, IGphotography/iStock, gorodenkoff/iStock


