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Autora | Elvira Esparza
Buscar soluciones para combatir el calor en las ciudades donde la temperatura se incrementa cada año como consecuencia del cambio climático se ha convertido en una prioridad. Las muertes causadas por el calor han alertado a las autoridades sobre la necesidad de poner en marcha iniciativas que sirvan para combatir las, cada vez más frecuentes, olas de calor. París ha sido pionera con la construcción de un sistema de refrigeración urbana centralizado que planea extender por toda la ciudad.
En París, debido a su planificación urbana, las consecuencias del cambio climático se han agravado más que en otras ciudades. Dada su densidad urbana, con el aumento de la temperatura se generan islas de calor urbanas, que provocan diferencias de temperatura de unos 2,5 °C de media anual entre París y las zonas rurales cercanas.
¿Cómo es el sistema de refrigeración urbana de París?
A pesar de las altas temperaturas que se alcanzan en la ciudad de París durante el verano, es poco habitual ver aparatos de aire acondicionado en las viviendas. Se calcula que solo el 25% de los hogares disponen de este sistema para combatir el calor. Tampoco los edificios públicos se caracterizan por tener aire acondicionado, aunque las altas temperaturas han provocado un elevado número de muertes en las olas de calor sufridas durante los últimos años.
Sin embargo, París es pionera en Europa en el uso de un sistema de refrigeración subterráneo y ecológico que está muy ligado al río Sena. Este sistema, que empezó a instalarse en los años noventa, está formado por una red de tuberías subterráneas por las que circula agua fría que absorbe el calor de los edificios y después la devuelve al río.
Esta red de refrigeración consta de dos tuberías independientes, una suministra agua fría y otra devuelve el agua caliente a las plantas de producción. El agua, que tiene una temperatura entre 2 y 4 grados, circula por las tuberías hasta unas centrales de intercambio térmico que están desperdigadas por la ciudad. Cada edificio tiene una subestación que adapta la temperatura del agua a las necesidades de climatización, transfiriendo el calor de los edificios al agua, que alcanza una temperatura entre 12 y 14 grados y vuelve a enfriarse en las plantas de producción y almacenamiento.
En este proceso interviene el agua del río Sena, que se mantiene a una temperatura entre 15 y 20 grados, funcionando como sumidero térmico, aunque sin mezclar el agua de las tuberías con la del río. Gracias a que la temperatura del Sena es baja se puede enfriar el agua sin necesidad de consumir electricidad.
No obstante, para cubrir los picos de demanda de refrigeración, el sistema tiene capacidad para almacenar frío por la noche, cuando la electricidad es más barata. Después puede liberarlo en las horas diurnas de más calor, de esta forma consigue reducir los costes del proceso.
¿Cómo surgió el proyecto de París?

En 1991 la ciudad de París adjudicó a la compañía Climespace, filial de Engie, un contrato para desarrollar el sistema de refrigeración urbano. Veinte años después, la empresa Fraicheur de París asumió la gestión del sistema. Es un proyecto de iniciativa público y privada, en el que el ayuntamiento de París se encarga de la planificación de la expansión de la red y su incorporación en edificios públicos y privados.
Con una extensión actual de 120 km, el objetivo de las autoridades parisinas es extender la red hasta los 250 km y 3.000 edificios de la ciudad para el año 2042, convirtiéndose en la red más grande del mundo.
En la actualidad, este sistema refresca edificios tan emblemáticos como el Museo de Louvre, el Palacio Bourbon, el Museo Quai Branly o la Asamblea Nacional. El objetivo es llegar a hospitales, escuelas, guarderías, residencias y estaciones de metro en la próxima expansión.
¿Qué beneficios aporta este sistema de climatización?
La principal ventaja de este sistema es su sostenibilidad, ya que ofrece una alternativa más limpia y eficiente frente a los aparatos de aire acondicionado individuales instalados en los hogares, que además de ser más contaminantes ocupan más espacio.
En cuanto a sus beneficios están relacionados con la temperatura urbana, las emisiones y el consumo energético.
- Contribuye a descender la temperatura. Se calcula que la temperatura media de París se reduce alrededor de un grado gracias a este sistema, un dato relevante si se tiene en cuenta que, en las islas de calor urbanas, la temperatura puede ascender entre 3 y 5 grados respecto a las zonas rurales.
- Reduce las emisiones de CO₂. Al evitar la instalación masiva de aparatos de aire acondicionado individuales, que expulsan el calor hacia el exterior, se disminuyen tanto las emisiones generadas por estos equipos como su contribución al efecto de isla de calor urbana.
- Incrementa la eficiencia energética. Aunque el sistema necesita electricidad para el funcionamiento de las centrales, ha logrado importantes ahorros energéticos, porque toda la red de refrigeración funciona con electricidad 100 % renovable desde 2013 y es neutra en carbono desde 2018.
En cifras, estas ventajas se traducen en una eficiencia energética superior al 100 %, una reducción del consumo de electricidad en un 35 %, la disminución de las emisiones de refrigerantes en un 90 %, y de las emisiones de CO2 en un 50 %.
La inversión es un hándicap

Sin embargo, este sistema de refrigeración tiene un hándicap en su expansión a los edificios residenciales debido a la elevada inversión que requiere su puesta en marcha. La buena noticia es que se estima que esta inversión se puede amortizar en una década.
Además, la excavación de túneles para la instalación de la red de tuberías se enfrenta a problemas por la abundancia de restos arqueológicos que existen en la capital parisina.
¿Existen otros sistemas de climatización urbana en Europa?
París no es la única capital europea que tiene un sistema de climatización urbana para combatir el calor. Según un informe de la asociación europea Euroheat & Power en Europa existen más de 200 redes de refrigeración instaladas, principalmente en Suecia y Francia.
En Suecia, Finlandia y Dinamarca existen redes de climatización por distritos o microrredes que emplean agua de mar o de lagos como fuente. La diferencia con el sistema de París es que usa el agua de un río urbano, lo que implica un desafío técnico por el impacto que puede tener en la calidad del agua.
En España, Barcelona cuenta con una red de climatización centralizada que suministra refrigeración, calefacción y agua caliente a los edificios. La red barcelonesa es pionera en la recuperación de frío residual procedente de la terminal de gas natural licuado en el Puerto de Barcelona.
Estos sistemas, pensados para bajar las elevadas temperaturas de las ciudades en los meses de calor, tienen en común ser sostenibles y eficientes. Son la alternativa a la instalación de aparatos de aire acondicionado individuales que son más contaminantes y favorecen la creación de islas de calor urbanas.
Fotos | Jens Aber, Luis Villasmil, Marc-Olivier Jodoin


