¿Estamos los humanos cambiando el cielo?

¿Estamos los humanos cambiando el cielo?

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Autor | Pablo Vinuesa

A día de hoy los efectos nocivos de la contaminación lumínica sobre la población están ampliamente documentados, especialmente en nuestras ciudades. Pero hay más problemas medioambientales en los que pueden derivar, como la modificación de las rutas migratorias de las aves. Y proyectos como la constelación de satélites Starlink, visible desde tierra, pueden agravar la situación.

La idea de crear una red satelital que permita conexión de alta velocidad a internet en zonas rurales a las que no llega la fibra parece una idea fantástica sobre el papel. La realidad, sin embargo, demuestra que siempre pueden aparecer inesperados daños colaterales, como el agravamiento de la polución luminosa, que empeoran de manera tangible la vida tanto de humanos como de animales.

¿Está la contaminación lumínica yendo a peor?

Que los humanos estamos cambiando el cielo es una realidad incontestable. Para empezar, los gases de efecto invernadero han provocado alteraciones en las dos capas de la atmósfera más cercanas a la tierra, expandiendo la troposfera y contrayendo la estratosfera. Este hecho, certificado por estudios como los publicados en la revista Science Advances, es en parte responsable de la modificación del clima tal y como lo conocíamos.

Otra emergencia ambiental relevante es la contaminación lumínica. La industrialización y un desarrollo urbanístico con la ciudad como eje fundamental han provocado un aumento exponencial de la luz artificial. Y el renovado interés de todas las superpotencias por la carrera espacial se traduce en que estemos llenando literalmente el cielo de cosas, como sondas, satélites, estaciones y naves, muchas veces de manera caótica.

¿Cuánto se incrementa la polución luminosa cada año?

A finales de 2017 se calculó que la contaminación lumínica aumentaba en más de un 2 % al año, debido a una excesiva y mala iluminación. No importa si vivimos en un país industrializado o uno emergente, ya que el problema es global: en el mundo 8 de cada 10 personas ya no pueden disfrutar de la oscuridad, y dicho porcentaje alcanza el 99 % en Europa y Estados Unidos. Según los expertos, nos vamos a tener que acostumbrar a mirar a las estrellas y ver satélites.

¿Cómo se incrementa la contaminación lumínica?

Organizaciones internacionales como el Light Pollution Science and Technology Institute (ISTIL) intentan concienciar con proyectos como la publicación de un atlas de contaminación lumínica, que ofrece datos estremecedores. Los expertos ya lo definen como una "negación de la noche", y del funcionamiento del Sol como reloj biológico, que modifica los necesarios ciclos diurnos y nocturnos para fauna, flora y, por supuesto, personas.

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Cada vez hay más evidencias científicas de su impacto negativo: además del obvio incremento del consumo energético daña nuestra salud y altera los ecosistemas. Según los biólogos afecta especialmente a los pájaros, aunque un estudio en Science Direct lo vincula también con el alarmante "apocalipsis" de los insectos. Y en los peces es responsable de la supresión de la segregación de la melatonina, afectando a su reproducción y crecimiento.

Hay soluciones urbanísticas a nuestro alcance. En paralelo al análisis de si el uso de LED ha reducido significativamente el gasto energético o no, también se estudian otras consecuencias de usar esta iluminación, más potente. Sería crucial encontrar fuentes más atenuadas y que las bombillas iluminen solo hacia abajo. Más allá de sensores automáticos o temporizadores, la tecnología también permite soluciones de alumbrado inteligente como la aplicación GeoLight, con la que los ciudadanos de Ámsterdam pueden controlar la intensidad de las farolas desde su smartphone.

¿Está contribuyendo el proyecto Starlink a que se agrave esta situación?

La astrónoma Samantha Lawler explicaba cómo sus simulaciones anticipan que cientos de satélites de Starlink serán visibles, incluso durante toda la noche en los meses de verano. Una noticia inquietante si tenemos en cuenta que, aunque de momento haya ‘solo’ tres mil activos, el proyecto de Elon Musk proyecta poner en órbita hasta 42 000 unidades. El resultado será que pronto no será útil ni siquiera salir de la ciudad para disfrutar del firmamento, porque nos habrán ‘tapado‘ las estrellas.

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Todos los proyectos de Musk, de Tesla a SpaceX, pasando por Neuralink o The Boring Company, suelen atraer cierta polémica. Pero el caso de Starlink es especialmente notorio al ser sus satélites un 99 % más brillantes que los habituales, ya que se sitúan en la conocida como "órbita baja". Para intentar paliar este efecto, la empresa de Musk trabaja en un revestimiento antirreflectante llamado ‘dark coating‘, que los científicos definen como una opción mejor, pero no perfecta.

De todas formas sería injusto señalar únicamente a Starlink como responsable del impacto sobre el cielo nocturno que tiene la contaminación lumínica. Primero, porque trabajan junto a astrónomos para encontrar soluciones. Segundo, porque no son los únicos: además de los numerosos movimientos de China, Rusias y Estados Unidos, hay otros proyectos desde el sector privado como el Kuiper de Jeff Bezos, que pondrá en órbita más de tres mil satélites. Tal como predijo Kessler gestionar la basura espacial pasará pronto a ser prioritario, de ahí la importancia de iniciativas pioneras como ClearSpace-1.

Imágenes | Marek Piwnicki, Forest Katsch, Anirudh.

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