Autor | Jaime Ramos
Las nuevas exigencias medioambientales han provocado una transición que afecta a la arquitectura en todos sus niveles. El objetivo no es otro que dar con un urbanismo ecológico a través de la ya establecida tendencia de la arquitectura sostenible. ¿Pero cuáles son los requisitos para considerar sostenible un proyecto arquitectónico?
Los orígenes de la arquitectura sostenible
Fue en los años 60 y 70 cuando se empezó a hablar de arquitectura sostenible, un concepto que se asentó en el vocabulario de diseño y urbanismo en los años 90 y que ya no ha desaparecido. La emergencia climática lo ha convertido en todavía más relevante.
Para entender en qué consiste la arquitectura sostenible, conviene delimitar cuál es el impacto de las edificaciones a la hora de consumir recursos, alterar los ecosistemas, generar residuos o gases contaminantes. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los edificios y el sector de la construcción son responsables de un tercio del consumo de energía a nivel mundial. En términos de emisiones de dióxido de carbono, tanto directas como indirectas, responden al 40% de las que se contabilizan en nuestro planeta cada año.
Este es un agente clave relacionado con el efecto invernadero y el cambio climático. Lo peor es que, en cálculos de la IEA, resulta complicado remediarlo en un corto plazo. Y es que las políticas de eficiencia energética contribuyen de forma demasiado lenta a la sostenibilidad urbana.
Este tipo de estrategias alcanzaron al 35% de los edificios en 2018, pero el margen de mejora apenas supera un punto porcentual cada año. Buena parte de culpa la tienen los incrementos en la demanda energética, sobre todo en territorios extensos que viven en las últimas décadas un florecimiento industrial y tecnológico, como China o India.

El último Informe sobre el Estado Mundial de los Edificios y la Construcción, que publica el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), insistía en 2024 en la importancia de hacer este cambio hacia una construcción sostenible y la actuación sobre el parque de viviendas ya existente. La inversión en descarbonización de los edificios había subido en un 14%. El temor en EEUU y Europa ante la inestabilidad energética había aumentado en esas regiones las acciones de actualización sostenible de los edificios.
“No existe un camino creíble para hacer frente al cambio climático sin una transformación radical en el sector de la edificación y la construcción”, afirmaba entonces Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. Y aportaba un dato valioso: “La mitad de los edificios que existirán en 2050 aún no se han construido. Se trata de una gran oportunidad para que el sector reimagine las construcciones del futuro”.
¿Qué es la arquitectura sostenible?
En esta línea, el objetivo de la arquitectura sostenible se dirige a neutralizar los efectos perniciosos del sector que amenazan la estabilidad ambiental del planeta y la calidad de vida de quienes habitan los edificios.
Apostando por materiales de construcción sostenibles, por estrategias de diseño verde o por la economía circular aplicada a la construcción, se desarrolla una arquitectura eco-friendly que logra levantar edificios con menores costes para el medio ambiente. Eso sí, la arquitectura sostenible no se limita solo al proceso de construcción, sino que piensa esos espacios como un todo para lograr que la eficiencia se mantenga durante toda la vida útil de ese espacio. Se trata de crear lugares duraderos, en los que se pueda vivir bien y que resulten sanos para el planeta y para las personas. Por eso, se piensa en el consumo de energía y se priorizan los edificios pasivos o de consumo energético cero o se incluyen zonas verdes.
Todo esto conecta con la propia idea general de sostenibilidad y sus diferentes tipos, la sostenibilidad ambiental, la social, la económica y la de políticas públicas.
Principios de la arquitectura sostenible
Las grandes áreas en las que se centra la arquitectura sostenible son los sistemas de refrigeración, ventilación, calefacción, iluminación, consumo de agua y alimentación del resto de accesorios e instalaciones.
Los arquitectos ecológicos disponen de diferentes alternativas para encontrar soluciones de ahorro en estas áreas y mejorar la gestión de recursos. Estas se agrupan en torno a tres principios.
Eficiencia energética

El concepto de eficiencia energética se bifurca, a su vez, en dos caminos. El primero tiene que ver con la provisión de energía eléctrica de fuentes renovables. Se trata de una asignatura a la que le queda un largo recorrido. Tan solo el 14% de la energía consumida en edificios provenía en 2017 de fuentes 100% libres de emisiones.
Para paliar esto, los arquitectos cada vez introducen más en sus proyectos el despliegue de células fotovoltaicas en tejados y fachadas, el suministro de energía eólica, calentadores de agua solares o bombas de calor. En algunos climas, opciones relativamente modernas como la aerotermia también pueden brindar un gran ahorro energético, aunque la inversión inicial es significativa.
El segundo y crucial punto sobre la eficiencia energética se refiere al aprovechamiento de los recursos existentes. Esta concepción requiere de una planificación pormenorizada en las etapas iniciales del diseño de edificios.
Un buen ejemplo lo encontramos en el ámbito de la iluminación. Los expertos calculan que esta puede satisfacerse en un 70% mediante sencilla luz solar. Sin embargo, ese porcentaje apenas al 25% de media en los edificios de la época en la que nos ha tocado vivir. Hay que tener en cuenta que el 17% de la factura energética mundial proviene del acto de iluminar.
Materiales de construcción sostenibles

La utilización de materiales adecuados contribuye y es parte fundamental del aprovechamiento energético visto en el anterior punto.
Pero es que, aparte de ello, la elección de materiales sostenibles se torna imprescindible. Pueden provenir y adaptarse al medio natural de origen, como en el caso del bambú o la madera, o pueden ser producto del reciclaje.
Este concepto se cuela una vez más como pilar de la sostenibilidad e incluye materiales como la madera y todo tipo de plásticos. Además, conviene saber también que la aleación que conforma el acero es reciclable en un 100%. En relación con todo ello, la homologación de unos criterios unificados sobre la sostenibilidad de los materiales es, todavía hoy, un reto pendiente.
En términos de economía, estamos ante un mercado primordial y mayúsculo. En Reino Unido, por ejemplo, el consumo anual de materiales de construcción asciende a los 420 millones de toneladas.
Planificación para un uso del espacio inteligente

Un edificio no es un ente aislado, sino que se relaciona y se integra en un contexto determinado. En esa línea, el diseño y las funciones del mismo se adaptan a las circunstancias del área que le da cabida.
Por eso, se torna necesario emplear modelos de urbanismo con criterios precisos de sostenibilidad. Este es uno de los sentidos de las estrategias y políticas mencionadas.
Los conocidos como desarrollos de uso mixto contribuyen a reducir el impacto medioambiental de las edificaciones con un concepto muy sencillo: aunar en un mismo complejo diferentes soluciones arquitectónicas. Así favorecen la reducción en los desplazamientos y el incremento de la eficiencia energética.
¿Cómo es el diseño en la arquitectura sostenible?

El diseño ecológico busca reprimir el consabido impacto de nuestros hogares, centros de trabajo, aprendizaje o de ocio. Así, los diseños en la arquitectura sostenible se inspiran por los principios ya mencionados y lo hacen, no solo para que quede reflejado en el resultado final, sino también a través de la implementación de los procesos, partiendo de la planificación. Se trata, en esencia, de proyectar y crear edificios que consuman menos energía, usen las soluciones sostenibles más avanzadas y desarrollan ciertas funciones de cohesión social. Los ejemplos sostenibles son capaces de abarcar todas estas áreas e impactar de forma positiva a varios niveles.
Ejemplos de soluciones de arquitectura sostenible
Los tejados Verdes de Copenhague
Recalar como primer ejemplo de sostenibilidad en la denominada capital verde del planeta parece de lo más lógico.
Antes de concederle ese reconocimiento, la capital de Dinamarca ha instalado más de 200.000 metros cuadrados de tejados verdes desde 2010. Se trata de cubiertas que no solo embellecen o palian la huella de carbono de la ciudad, sino que son capaces de atesorar hasta el 80% del agua que proviene de las precipitaciones de cara a proveer un ahorro nunca visto.
La madera transparente
Existen soluciones con gran proyección que, a través de materiales existentes o creados, es posible reducir la factura energética de los edificios. Tal es el caso de la madera transparente.
Desarrollado por el KTH Royal Institute of Technology en Estocolmo, 100 gramos de este material mezclan de (una mezcla de lignina de madera y acrílicos) absorben 8.000 Julios en dos horas. Utilizado en construcción, acumula calor para después liberarlo.
Impresión en 3D… ¿de edificios?
Aunque parece una premisa de ciencia ficción, lo cierto es que la impresión de edificios en 3D ya es un sector emergente. Las autoridades de países como Dubái calculan que en 2030 un cuarto de las nuevas edificaciones responderá a esta técnica. Ya existen ejemplos prácticos, como The Wave House, de sus potenciales usos.
La impresión arquitectónica en 3D aporta algunos beneficios históricos al urbanismo, sobre todo en lo que a reducción de costes y acceso universal a la vivienda. También contribuirá al empleo de materiales más sostenibles.
Edificios que aportan soluciones añadidas
Podemos encontrar los proyectos de arquitectura sostenible más asombrosos de los últimos años en los certámenes que el sector celebra en sus entrañas. Entre los edificios que se sitúan en los primeros puestos encontramos un patrón común: que las construcciones tengan un valor añadido como solución para un reto urbano concreto.
Ese es el sentido de los rascacielos Methanescraper o Airscraper, finalistas en el certamen internacional eVolo 2019 y que podrían transformar la basura en energía o aspirar y filtrar de partículas nocivas el aire.
En conclusión, la arquitectura sostenible ha pasado de ser un objetivo de futuro a un requisito de presente. Así lo aseveran las estimaciones estadísticas de la IEA: en 2019 las soluciones energéticas del sector de la construcción aglutinaban más del 40 de la inversión total.
Las preguntas más habituales sobre arquitectura sostenible
¿De qué hablamos cuando mencionamos la arquitectura sostenible?
La arquitectura sostenible trabaja con sus edificios verdes de forma holística a la hora de reducir el impacto que la construcción tiene en el medio ambiente. Esto implica trabajar con principios de diseño sostenible, con aplicar la economía circular a la construcción o con usar materiales sostenibles. El objetivo final será conseguir edificios con impacto cero.
¿Qué beneficios tiene incorporar criterios verdes?
Además de reducir la huella de carbono del propio proceso constructivo, también se logran ahorros importantes para sus habitantes (por ejemplo, con edificios que consumen cero energía o pasivos) y mejorar su calidad de vida (una climatización más verde es igualmente más vivible).
¿Es la arquitectura sostenible una creación moderna?
Aunque el diseño de edificios verdes es una cuestión que ha ganado fuerza en las últimas décadas, la arquitectura está aprendiendo del pasado y, en especial, de los modos de construcción tradicionales algunas lecciones importantes sobre principios de diseño sostenible y técnicas eco-friendly.
¿Cuánto ayudan los materiales de construcción sostenibles a reducir la huella de carbono?
El hormigón y el acero son los materiales más contaminantes entre los que la arquitectura ha empleado de forma masiva en los últimos siglos. Al cambiarlos por otros, como la madera, se baja notablemente la cuenta del impacto.
¿Es la arquitectura eco-friendly una solución a los problemas del siglo XXI?
Sin duda es una de las cuestiones claves para lograr un urbanismo más eficiente y para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. La arquitectura sostenible responde a retos fundamentales, como el uso de la energía, la durabilidad de los materiales y construcciones o las necesidades habitacionales.
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