El Coliseo, dando espectáculo durante dos milenios

El Coliseo, dando espectáculo durante dos milenios

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Autores | M. Martínez Euklidiadas, Raquel C. Pico

El Coliseo es un icono de la Roma Imperial debido a su condición como una de las edificaciones mejor conservadas de su era. Sin ser el más grande, ni el más relevante del Imperio, el Anfiteatro Flavio (el nombre original del que ahora conocemos como el Coliseo de Roma) es el edificio que todos recordamos tras visitar Roma y el que tenemos en mente cuando pensamos en la capital italiana incluso si nunca la hemos pisado

La relevancia actual del edificio es incuestionable. Se ha convertido en uno de esos iconos urbanísticos, una pieza de arquitectura convertida en mito y a la que cada año peregrinan miles de personas, una condición de museo-espacio que alcanzado pocos otros espacios en el mundo. Algunos recientes, como puede ser el Guggenheim de Nueva York, aspiran a ello. La gran cuestión es qué supuso para el urbanismo de los años del Imperio Romano y si fue ya en su época igualmente importante.

No cabe ninguna duda que su extraordinaria construcción se convirtió en un hito de la arquitectura clásica y de la fundación de la ciudad como parte central del Imperio. Lo que hoy es un edificio emblemático e histórico estuvo un tiempo repleto de vida, sudor y sangre, fluidos que definían el ocio de la época. Así fue el Coliseo, un edificio que sigue dando espectáculo dos milenios después.

Entretener a la ciudad del millón de habitantes

En el siglo I la ciudad de Roma era una urbe de más de un millón de habitantes en un planeta con algo más de 200 millones de personas. Ninguna otra ciudad del mundo ha concentrado a tanto porcentaje de la población humana.

En el pasado, igual que en el presente, las aglomeraciones urbanas necesitaban infraestructuras públicas. Además de las fundamentales para el día a día, también entraban en el listado los espacios colectivos para el ocio y la cultura. Estos espacios se convierten, igualmente, en activos políticos y en el señales que marcan el camino que quiere seguir la ciudad. El Coliseo, precedido por el incendiado Anfiteatro de Estatilio Tauro, fue la demostración de que la ciudad había entrado en una nueva fase.

Como ocurre hoy en día, a menudo las obras públicas romanas se hacían por autobombo y con objetivos propagandísticos. El Coliseo es un ejemplo de libro de esto. Su céntrica posición privilegiada en pleno corazón de la ciudad, en lugar de en las afueras, donde habría sido lo tradicional, da cuenta de ello.

Con un aforo para 65.000 personas gracias a sus ochenta filas en forma de gradas, durante siglos a la sombra de los toldos, el Anfiteatro Flavio se construyó para dar espectáculo público a tantas personas como fuese posible. Fue, literalmente, el regalo de Vespasiano al pueblo. Una forma de soborno ante los excesos de los dirigentes políticos.

Su inauguración duró 100 días y murieron más de 9.000 ‘fieras’ (el maltrato animal era un espectáculo válido en la época), y el pan y circo (panem et circenses) estuvo asegurado durante varios siglos. No fue barato entretener a la ciudad del millón de habitantes, pero el edificio logró esto y más. Pero también consiguió atraer trabajadores, talento y capital.

Es difícil calcular el coste humano que tuvo la construcción del Coliseo de Roma y su actividad cotidiana. Algunas estimaciones hablan de que en los tres siglos de actividad podrían haber muerto en el edificio unas 400.000 personas, entre esclavos, prisioneros o gladiadores.

El Coliseo, edificio tractor de la industria del espectáculo

El Coliseo

Uno de los aspectos más olvidados del Coliseo es su capacidad para retener oficios e impulsar nuevas disciplinas de una forma no muy diferente a como cuando hoy en día se construye infraestructura industrial en un lugar y esta empieza a atraer talento. El Coliseo se convirtió en un punto obligatorio de peregrinaje para todo tipo de profesiones.

La primera gran industria en florecer alrededor del edificio fue la de los gladiadores, no siempre esclavos y no siempre a muerte (a menudo era puro teatro), que rodearon literalmente el edificio con construcciones propias. Las escuelas de gladiadores pronto cubrieron parte de esa zona de la ciudad, y con ellas varias forjas, industrias textiles y carpinterías.

El Coliseo se convirtió en edificio tractor de industrias tan variopintas como la náutica o la de domador.

Durante las primeras décadas, antes de que fueran construidos los sótanos, se dio en el Anfiteatro Flavio uno de sus mayores espectáculos: las naumaquias. En ellas el foso se inunda de agua y varias naves simulan o batallan combates navales dentro del recinto. En pleno centro urbano se construían y reparaban buques de combate, o se entrenaban combatientes náuticos.

Otro gran pilar del Coliseo fueron las fieras. Atrajo a todo tipo de negocios a la zona, desde cazadores a domadores, pasando por esclavos y gladiadores cuyo único cometido era combatir (venatores) —o fingir combatir (actores)— contra elefantes, toros, rinocerontes, osos, tigres o leones. En un momento dado la arena acogió a la vez cien leones, cien leopardos africanos, cien leopardos sirios y trescientos osos. Es un hito difícil incluso hoy en día.

El Coliseo de Roma tras el Imperio Romano

El Coliseo

El fin del Imperio Romano supuso un punto de inflexión para el Coliseo, aunque lo cierto es que su declive había comenzado un poco antes.  Es difícil fechar cuándo se realizó el último espectáculo romano en el Coliseo, aunque sí se sabe que la última batalla entre gladiadores registrada fue en el año 435. En 438, el emperador Valentiniano III las prohibió por completo en el Imperio. El anfiteatro más representativo de Roma simplemente se había adelantado unos años a la tendencia general.

El Coliseo como cantera para otros edificios

Levantar el Coliseo requirió ocho años de duro trabajo, del año 72 al 80 del primer milenio de nuestra era. Y eso que su construcción modular hizo más fácil su construcción. Con pisos soportados por arcos de medio punto, este anfiteatro no aprovechó ninguna ladera para su graderío, como era habitual. En su lugar, columnas y pilares soportan el peso y permiten un amplio espacio bajo la grada.

Este espacio era usado no solo para desplazar a miles de personas —bajo el Coliseo hay kilómetros de pasillos— sino para desplegar la gestión del día a día de los espectáculos. Por sus galerías se movían combatientes, gladiadores, trapecistas, bestias o grandes cargas para los espectáculos. Hasta que dejaron de hacerlo. Tras cinco siglos, el Imperio romano cayó, y aunque los bizantinos usaron el edificio durante el siglo VI, pronto se convirtió en una cantera.

La canibalización de infraestructura romana fue muy frecuente en los períodos posteriores. En realidad, esto ha sido una tónica que se ha ido repitiendo siglo tras siglo y con infraestructuras urbanas de muy diferentes épocas, ya que se han ido adecuando los edificios a modas, gustos y necesidades cambiantes. La ciudad de Roma está, de hecho, levantada sobre capas que ocultan los restos de sus épocas anteriores, como acaba de demostrar la obra de ampliación del metro de la urbe.

Los caminos romanos se desmontaban para levantar cerramientos de fincas, la piedra de los templos conformaba iglesias y el Coliseo empezó a desmembrarse a medida que hacían falta elementos constructivos para otros edificios. Y a veces para obtener otros materiales. De hecho, una de las razones que explican el estado actual del edificio fue la fabricación de cal viva

Era más fácil destrozar la fachada de mármol, triturar sus planchas y quemarlas para fabricar cal que viajar decenas de kilómetros a por ella. El bronce fue otro de los materiales recuperados para nuevos usos, arrancado de la mampostería.

Los terremotos de 801 y 847 e. c. y las diferentes guerras a las que tuvo que sobrevivir la ciudad de Roma no ayudaron demasiado a la conservación del Coliseo. Ni tampoco lo hicieron los diferentes y nuevos usos que se le fue dando a lo largo de los siglos. La arena se convirtió en un cementerio católico a finales del primer milenio, y 500 años después el travertino que cubría el anfiteatro fue arrancado. No fue hasta 1749 cuando Benedicto XIV consagró el edificio, salvando lo que quedaba del expolio.

El cambio de ciclo que se vivió a finales del siglo XVIII (cuando, además, el descubrimiento de las ruinas de Pompeya puso de moda todo lo romano) implicó también un movimiento para la preservación de este tipo de edificios. Se empezó a apreciar el valor histórico del Coliseo y se construyeron los primeros puntales y contrafuertes. Tras varios siglos de reformas, en 1980 la Unesco declaraba el Coliseo Patrimonio de la Humanidad.

En la actualidad el Coliseo es una de las obras arquitectónicas más visitadas del mundo. Casi dos milenios tras su construcción, sigue atrayendo personas, curiosamente, por motivos no muy diferentes de los que dieron lugar a la construcción original. Las personas buscan entretenimiento y nuevas experiencias, y el Anfiteatro Flavio sigue dándoselo.

El Coliseo de Roma, en la actualidad

El Coliseo

Así, unos 7 millones de personas visitan cada año el Coliseo de Roma, con picos en algunos años que superan ampliamente esa cifra. El anfiteatro tiene control de aforo horario para reducir el impacto que el turismo tiene en el edificio y asegurar su supervivencia para el futuro.

El Coliseo abre cada día a las 8.30 de la mañana, media hora antes que el Foro Romano-Palatino, otro de los grandes reclamos turísticos e históricos de la zona en la que se ubica. Cierra hacia las 16.30. Está abierto a la visita todos los días del año (salvo el día de Navidad, 25 de diciembre, aunque acceder al recinto tiene un coste. La entrada individual cuesta 18 euros, aunque existen más tipos de entrada que tienen en cuenta diferentes cuestiones para ajustar los precios. Además, todos los primeros domingos de mes, el 25 de abril, el 2 de junio y el 4 de noviembre el acceso es gratuito.

Música y espectáculos en el Coliseo de Roma

En 2016, el entonces ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini, anunció que se planteaban la posibilidad de volver a realizar eventos culturales de primer nivel dentro del Coliseo de Roma. “Por supuesto, no haremos partidos de fútbol”, señalaba a los medios. Entonces, el anfiteatro estaba en pleno proceso de restauración y recuperación. Una década después, la posibilidad está aún sobre la mesa, pero con limitaciones.

El pasado otoño, se hicieron virales unas declaraciones en la prensa italiana de Simone Quilici, que se acaba de convertir en el director del Parque Arqueológico del Coliseo. La lectura que el público hizo de su propuesta era la de que el Coliseo de Roma acogería en un futuro certano raves y conciertos. Las redes sociales y las imágenes impactantes creadas con inteligencia artificial ayudaron a que la historia se viralizase, aunque Quilici defendió después que se habían malinterpretado sus palabras.

Ante el revuelo, Quilici volvió a encontrarse con la prensa y matizó de qué hablaba cuando anunciaba la vuelta de los conciertos y espectáculos al Coliseo de Roma. “La música deberá ser controlada con cuidado”, le explicaba a AP, recordando que los artistas que había puesto de ejemplo en la entrevista eran claves para entender lo que buscaban. Esto es, tanto música como un público tranquilos. Por ejemplo, podría ser un concierto de música acústica o del cantante Sting.

La idea es novedosa, porque hasta ahora solo se había permitido de modo muy excepcional y con aforos reducidos que se celebrasen eventos musicales en el espacio, como un concierto de Ray Charles en 2002 o uno de Andrea Bocelli en 2009. Otros edificios históricos, como Les Espaces D’Abraxas, mantienen todavía su actividad original y sus usos, aunque no son tan antiguos y populares entre el público como el Coliseo de Roma. Otras ciudades romanas, como la española Mérida, sí continúan utilizando sus espacios de ocio romanos para acciones como festivales de teatro.

El proyecto del Coliseo de Roma es abrir a conciertos antes de dos años.

Imágenes | Dario Veronesi, Ahmed Almakhzanji, Kuhn, Den Harrson, venuestock/iStock

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