How some cities are safeguarding worker health and safety amid heat waves

Cómo algunas ciudades garantizan la salud y la seguridad de sus trabajadores durante las olas de calor

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Autora | Raquel C. Pico

El cambio climático está llevando a un calentamiento del planeta. Es algo sobre lo que los informes del IPCC alertan desde hace ya unos cuantos años, pero también algo que la propia ciudadanía nota en el día a día, especialmente durante los meses de verano. Las olas de calor se han vuelto mucho más habituales e intensas. Esto tiene un efecto directo en la salud y la seguridad de la ciudadanía, ya que empeora en líneas generales su salud y aumenta la mortalidad.

Si siguen escalando las temperaturas medias, también lo harán sus efectos. Los días cálidos se sucederán cada vez más y pasarán factura. Un estudio publicado este verano en The Lancet —y que ha tenido un elevado impacto en la prensa— habla de que las muertes derivadas por las altas temperaturas se elevarán en Europa de forma notable de aquí a 2100. Si la población en general las sufre, algunos grupos son especialmente de riesgo. Ocurre con la población de más edad, pero también con aquellas personas que por su trabajo están más expuestas a esas temperaturas elevadas.


Quienes trabajan en exteriores son especialmente vulnerables, como ocurre con sectores como el transporte, la agricultura o la construcción. Sin embargo, los trabajadores en interiores no están exentos del problema. La ausencia de una óptima ventilación o el calor que pueden generar las herramientas de trabajo —como ocurre en las fábricas— agravan el problema.

Las ciudades son uno de los principales puntos críticos, ya que, en general, los efectos sobre la salud y la seguridad de las olas de calor se agravan en los entornos urbanos.  Las islas de calor urbanas hacen que las temperaturas sean, de media, más elevadas que en el medio rural, por culpa de la actividad humana, de los materiales empleados en la construcción y hasta por cómo se ha entendido el urbanismo en el último siglo. La falta de zonas verdes empeora las cosas y las aceras no solo retienen el calor, sino que luego lo sueltan. La urbe del siglo XX no está preparada para responder a los retos del cambio climático de la ciudad del siglo XXI.

Las ciudades deben cambiar sus infraestructuras para afrontar esta situación, pero, sobre todo, deben tenerlo muy presente cuando piensan en el día a día de las personas que trabajan en la urbe. Una buena gestión no solo pasa por gestionar la hora punta o la situación de las zonas de oficinas, también por afrontar cómo los efectos del cambio climático impactan en la seguridad y en la salud de los trabajadores urbanos.

El coste económico de las olas de calor

Es una cuestión de justicia social y es, incluso, una económica. El informe Working on a warmer planet, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), advierte de los efectos que las olas de calor tienen en la productividad, que empieza a reducirse cuando el termómetro se mueve entre los 24 y los 26º. Entre 33 a 34º se ha perdido la mitad de la capacidad de trabajo. La fatiga mental aumenta y la pérdida de salud y seguridad se afianza.

Esto empeora la calidad de vida de la plantilla y tiene un coste económico para las empresas. Una investigación de Moody’s concluye que los riesgos derivados del cambio climático amenazan a todas las industrias de forma global: entre el 24 y el 29% de los activos de la industria del retail en peligro por las olas de calor. Según la OIT, en 2030 el 2,2% de horas de trabajo se habrán perdido por culpa de las temperaturas excesivas. Es como si 80 millones de empleos a tiempo completo se esfumasen por culpa de los días cálidos.

Medidas contra el calor

Por tanto, las empresas deben preguntarse cómo se puede proteger a los trabajadores frente a las altas temperaturas y qué medidas deben ponerse en marcha para reducir el impacto negativo de las olas del calor.

De entrada, un primer paso es ganar consciencia de que el problema existe y que es necesario actuar, porque solo así se impulsarán políticas de salud y seguridad específicas. La OIT habla de la importancia de que se pongan en marcha más iniciativas que garanticen la salud y la seguridad de la plantilla, se realicen ajustes en infraestructuras y se comprenda mejor el efecto transversal que las altas temperaturas tienen en el trabajo, por ejemplo, como motor para las migraciones.

Para continuar, serán necesarios ajustes en los calendarios de trabajo, como evitar las horas centrales del día en todas las actividades en las que no se pueda garantizar la seguridad. Y, posiblemente, se requieran cambios normativos. España ajustó en 2023 la regulación de salud y seguridad en el trabajo para tener en cuenta estas cuestiones.

Las medidas frente al calor pueden tomarse pensando en el corto, el medio y el largo plazo, como recuerda el Foro Económico Mundial. En lo inmediato, la educación sobre los efectos de calor, los ajustes en los horarios de trabajo, una mayor flexibilidad (por ejemplo, abriendo la puerta al teletrabajo o permitiendo más descansos) o ajustar las políticas de salud y seguridad laboral internas ayudan.

A medio plazo, la tecnología para monitorear el calor o para mejorar la eficiencia térmica del espacio de trabajo podría solucionar cosas. A largo, sin embargo, el Foro advierte que habrá que cambiar las políticas públicas y las normas sobre el trabajo. Ahí las ciudades serán claves, con una mejor ventilación urbana o más sombras.

Ciudades resilientes ante el calor

Por tanto, los ajustes deben llegar también al entorno urbano, unos cambios que mejorarán el día a día en las horas laborable e igualmente el de la ciudadanía en términos generales. Las ciudades pueden adaptarse a las olas de calor, con un trabajo de prevención y reinvención en salud y seguridad.

Cambiar el paisaje sirve para bajar la temperatura media urbana. “Rediseñar los paisajes urbanos para que cuenten con más vegetación y agua e implementar estrategias de enfriamiento pasivo para que los edificios mejoren su rendimiento térmico y reduzcan su consumo de energía son estrategias clave para hacer que las ciudades sean más resilientes a las olas de calor”, explica Jonathan Duwyn, Jefe de la Unidad de Ciudades del PNUMA.

La creación de más zonas verdes no solo baja las temperaturas medias, al mismo tiempo ofrece refugios térmicos. Los refugios climáticos son, de hecho, una de las formas innovadoras en las que las smart sities abordan esta problemática, aunque no la única. Crear zonas de sombras o usar nuevos materiales para pavimentar ayuda. La arquitectura resiliente al clima tiene un impacto muy positivo en la gestión de los efectos de las olas de calor.

Los ejemplos están ya repartidos por todo el mundo: Tokio está instalando pavimento frío, Toronto creando techos verdes y Atenas restaurando un acueducto romano para regar los corredores verdes urbanos.  Los jardines de lluvia son otra de las herramientas que están ganando tracción.

¿Cómo protegerse frente a una ola de calor?

Igualmente, la propia plantilla puede adoptar hábitos que les ayuden a sobrellevar mejor las altas temperaturas y ganar en salud y seguridad, como mejorar la hidratación, hacer más pausas en zonas de sombra o vestirse con ropa más funcional para los días cálidos, como colores claros o telas respirables.

Fotos | coffeekai/iStockJosue Isai Ramos FigueroaWalter Martin

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