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¿Habrá una brecha entre ciudades inteligentes y ciudades tontas?

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Autor | M. Martinez @EuklidiadasLa famosa brecha digital se está materializando a nivel de calle. Lejos de ser una simple idea, ya se puede constatar la apertura de una importante sima entre ciudades inteligentes y ciudades tontas, o si lo preferimos, menos inteligentes.Frente a las urbes que invierten en el beneficio de la sociedad y de su propio futuro, otras, más inmovilistas, mantienen su rumbo con modelos del siglo pasado. Las proyecciones nos hacen pensar que la calidad de vida en unas y otras será muy diferente en tan solo una década.Paradójicamente, este distanciamiento entre distintos modelos de urbanismo tiene lugar en un momento en el que se están cerrando las distancias económicas entre países e incluso reduciendo ciertas desigualdades sociales. En este contexto de mayor igualdad asistimos al nacimiento de la brecha de inteligencia de las ciudades.

¿Cómo se mide la inteligencia de las ciudades?

A lo largo de los últimos años diferentes ciudades han sido construyendo sus políticas buscando la convergencia con una ciudad inteligente. Así, Hangzhou (China) ha puesto cerebro a su ciudad, Singapur ha duplicado digitalmente la suya para tomar mejores decisiones, y Los Ángeles recupera el espacio peatonal.Hay varios índices con reputación mundial sobre cómo de inteligente puede ser una ciudad. El World Council on City Data las compara de forma muy visual mientras que el Índice IESE Cities in Motion establece un ranking. Para ello se sirve de (entre otros) los siguientes parámetros:

  • la gobernanza,
  • la planificación urbanística,
  • el uso de la tecnología,
  • el respeto al medio ambiente,
  • el impacto internacional,
  • la cohesión social,
  • el transporte y la movilidad,
  • el capital humano,
  • la economía.

Tras cada uno de estos puntos hay decenas de otros parámetros y factores, como los indicadores de emisiones de CO2 o el número de bicicletas por hogar. En el Top  5 destacan Londres, Nueva York, Ámsterdam, París y Reiikiavik en 2019. ¿Pero qué pasa con el extremo opuesto?

Ciudades no tan inteligentes

No todas las ciudades del mundo cuentan con los mismos recursos que Londres o Nueva York. Las últimas ciudades de la lista, Karachi y Lahore en Pakistán, Caracas en Venezuela, Lagos en Nigeria y Duala en Camerún, destacan por  malas calificaciones generalizadas en casi cualquier parámetro cuantificable.Por ejemplo Karachi, con un 4,57 puntos sobre 100, es la última de una lista de más de 170 ciudades en cuanto a cohesión social, gobernanza y proyección internacional; y de las tres últimas en economía, capital humano, planificación urbanística, tecnología y movilidad.Sin capital para la inversión y sin expectativas de mejora a corto plazo, una gran cantidad de ciudades no podrá seguir el ritmo de aquellas que destacan por su buena calidad de vida. La brecha de inteligencia, sintetizada en forma de nota de 0 a 100, hace tiempo que existe.

Darwinismo urbanístico y caída

Las ciudades más inteligentes atraen más talento y capital. Esto da pie a nuevas inversiones en círculos virtuosos. Lo contrario también ocurre, y es posible tropezar de forma puntual y agravar la brecha. El 1 de julio de 2019 el periódico New York Times abría con la noticia ‘Madrid deshace la restricción al tráfico’.Mientras que la tendencia positiva y objetivamente valorable como inteligente premia en salud y economía a las ciudades que restringen el tráfico rodado en su núcleo, Madrid [puesto 24 a enero de 2019] se ha convertido en el único ejemplo de ciudad europea de gran tamaño que ha dado marcha atrás a este tipo de planes. Las ciudades que sigan este tipo de estrategias regresivas difícilmente podrán su actual posición.

¿Qué hacen las ciudades para ser “menos tontas”?

Imposible mencionar todas, pero algunas de las actuaciones más comunes hacia una ciudad inteligente son: implicar a los ciudadanos en la toma de decisiones, facilitar la movilidad en transporte público, fomentar la reducción y reciclaje, invertir en tecnología de seguridad, recuperar la vida de barrio, generar más espacios peatonales, aumentar el área verde, promover la movilidad eléctrica, diseñar políticas sociales, la transparencia en el gobierno, la planificación urbana, etc.A la postre, pequeños cambios pueden marcar grandes diferencias. Pero lo que es igual de importante: a veces estas mejoras tienen un efecto persistente e incremental, por lo que solo basta con iniciar una serie de políticas de mejora para sentar las bases de una estrategia que perdurará en el tiempo. Un claro ejemplo lo vemos en el transporte público: una vez fortalecido, resulta muy difícil dar marcha atrás. La clave es encontrar la valentía para dar ese primer paso.Imágenes | Jeffrey Swanson, Benjamin Davies, Alexandru Silitra

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