Los secretos de Singapur: la única zona azul urbana del mundo

Los secretos de Singapur: la única zona azul urbana del mundo

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Autora | Raquel C. Pico

Una de las grandes conquistas del mundo moderno es la de la longevidad. La esperanza de vida ha ido progresivamente en aumento, apuntalada por las mejoras en la sanidad, la higiene y la alimentación colectivas. Llegar a centenario es algo que, en el pasado, muy pocas personas lograban. En la actualidad es mucho menos extraño, especialmente si se vive en aquellas regiones en las que acariciar los 100 años es algo casi común. Son las conocidas como zonas azules. América, Asia y Europa tienen al menos una zona azul cada continente, que son analizadas como la clave para lograr vivir mejor.

Qué es una zona azul

El término «zona azul» fue acuñado hace dos décadas por un periodista estadounidense, Dan Buettner, para describir ciertas zonas del mundo en las que se estaban registrando datos de longevidad muy positivos. De hecho, Buettner está detrás del documental Vivir 100 años: Los secretos de las zonas azules, que se puede ver en Netflix y que divulga qué ocurre en esas zonas y qué las hace especiales.

Aunque Buettner haya puesto la etiqueta, desde la ciencia se llevaba hablando sobre longevidad y sus razones desde mucho antes. Al fin y al cabo, saber cómo vivir 100 años es una de las preguntas que más se ha hecho la gente a lo largo de las últimas décadas. Las investigaciones de los científicos Gianni Pes y Michel Poulain hablaban ya en los 90 de por qué Cerdeña contaba con tantos centenarios y sus conclusiones se consideran pioneras en este terreno. Desde entonces se han estudiado desde la dieta de los centenarios hasta las mejores estrategias de bienestar, pasando por la realidad especial de algunas geografías que parecen especialmente saludables.

En cierto modo, desvelar los secretos de una zona azul no es exactamente complejo. Se podría decir que todas tienen en común que sus habitantes son dinámicos (esto es, se mueven y son activos), que tienen una esperanza positiva sobre la vida, que establecen conexiones valiosas con otras personas y que mantienen una dieta saludable. En el caso italiano, por ejemplo, se ha conectado tradicionalmente su elevada presencia de centenarios con la dieta mediterránea.

Pero ¿qué come su embajador, Dan Buettner? Buettner recomienda en su web seguir la regla japonesa del 80% —parar de comer cuando se siente que se está un 80% lleno— y la importancia de una dieta basada en plantas para acercarse a la dieta de la zona azul.

Lo que ha hecho de Singapur una zona azul

Singapur es una de las zonas que se han sumado recientemente a la lista de zonas azules, uniéndose a Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón), Nicoya (Costa Rica), Icaria (Grecia) y Loma Linda (Estados Unidos). Lo hace con la peculiaridad de ser un entorno completamente urbano. Es la excepción, la única zona azul urbana del mundo.

Lo han conseguido escalando en posiciones en los rankings de esperanza de vida: son ya una de las zonas del mundo en las que se vive más tiempo y se hace de forma más saludable. Desde 1960, han logrado subir su esperanza de vida en 20 años. En los últimos diez años, las cifras de centenarios en Singapur se han duplicado.

Para ello, han apostado tanto por una serie de normativas que potencian cambios vitales como desarrollado una estrategia de planificación urbanística que tiene en cuenta la salud de forma holística. Si en otras áreas repletas de centenarios la tradición, la cultura y su historia explican en cierto modo su realidad actual, esta zona azul se ha diseñado con ese objetivo. No bebe tanto de una tradición que potencia hábitos que ahora se sabe que son saludables, como de una toma de decisiones para apuntalarlos.

«Viven en un lugar donde se subvenciona la comida saludable y se grava la comida basura», apunta Buettner en una entrevista, recordando también que los impuestos sobre la conducción son mayores —y se usan para mejorar el sistema de transporte público— y se premian los desplazamientos andando. La ciudad también ha añadido zonas verdes que resultan atractivas para sus habitantes y ha creado un sistema sanitario fuerte.

Además, se trabaja para potenciar la convivencia intergeneracional y mantener una óptima calidad de vida de las personas de más edad. A través de beneficios en los impuestos (por ejemplo, premiando vivir cerca de los familiares de más edad) y creando espacios específicos para una vida más activa entre las personas ancianas, se logra un envejecimiento activo y en familia. Esto, en un mundo envejecido, es especialmente importante.

Este último punto es importante porque Singapur ha afrontado con ello la cuestión de la soledad, uno de los grandes problemas de las ciudades del siglo XXI no solo para las personas de más edad. El diseño urbano potencia la convivencia y la conexión con otras personas sean de la edad que sean; por ejemplo, apostando por edificios de varias plantas con diversidad habitacional.

Como explica en Palacios del pueblo, Eric Klinenberg, el 80% de la población de Singapur vive en edificios de viviendas públicas en los que hay apartamentos de propiedad privada —lo que potencia la confluencia de habitantes de diferentes ingresos— y que cuentan con zonas comunes que siempre están llenas de personas y de actividades.

Lecciones para otras ciudades

En resumidas cuentas, la clave no está tanto en una dieta de centenarios mágica, sino en ver todas las vertientes que han llevado a estos datos positivos de longevidad. Esto es especialmente importante para las ciudades, que tendrán que enfrentarse a un cada vez mayor envejecimiento de la población y los retos asociados. Conseguir que sus habitantes alcancen esas edades avanzadas con una buena calidad de vida es crucial.

El ejemplo de Singapur muestra que conseguirlo es posible. Hay que diseñar la ciudad con ello en mente. Abrir espacios verdes, potenciar una movilidad que haga de sus habitantes personas activas o crear oportunidades para que confluyan sus habitantes, sin brechas generacionales o de riqueza permite solventar múltiples problemas que impactan de forma negativa en la salud, tanto en la física como en la mental.

En este momento en el que las ciudades se están reinventando para afrontar los retos de la emergencia climática, se abre una oportunidad para replantearse los entornos urbanos teniendo en cuenta en paralelo todas estas cuestiones.

Fotos | PETER TEOFILUS KARUNDENGRach Teo

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